No se puede vivir sin códigos
Un padre de la ciudad, comparte un pequeño texto muy hermoso extraÃdo de un diario, donde una madre pide al resto de los padres que no renuncien a su tarea de educar a sus hijos. Los invitamos a disfrutarlo.
Soy mamá de dos adolescentes. Como muchos padres, paso más de 10 horas fuera de casa, y no por elección.
Como muchos padres no puedo evitar el bombardeo consumista, la imagen de las "divinas", ni que se muevan en manadas y como muchos llego cansada, pero sé que no tengo el derecho de mirar para otro lado: DEBO EDUCAR.
No importa el momento, no siempre es con todo el tiempo que nos dá una cena compartida, puede ser la cola para pagar en los chinos , mientras cocino, a los gritos mientras me baño, como tampoco son necesariamente temas profundos. Las cosas simples de la vida o algo que pasa en el colegio, en la familia, con amigos, un ratito para hablar, para resaltar valores, para buscar los porqués, y sin negar las miserias que nos rodean, tratar de dejar algo positivo. Hoy la premisa es no dejarlos solos.
Nuestros hijos deben saber que todo lo que hagan en su vida trae consecuencias, buenas y malas, que no se puede vivir sin códigos, que la palabra dada tiene el valor que uno le dá, y que su accionar debe ser similar a lo que se espera del otro, que hay mentiras, corrupción, maldad, pero también que honor, honestidad y entereza no son palabras en el aire.
Que forman parte de la esencia del ser humano, que agredir no es defenderse y que la paciencia es una virtud y no un sÃntoma de debilidad.
Formarlos es nuestra responsabilidad como padres, no la podemos delegar. No la debemos delegar, porque es la primera lección para enseñarles a ser responsables. Les pido me ayuden, cada uno desde su casa, con sus hijos, que seguramente son amigos de los amigos de los amigos de los mÃos.
No soy naif, pero unos minutos por dÃa hacen milagros, y entre todos sumamos dÃas, meses, años, y miles de palabras dichas para bien, para que nuestros hijos no sean noticia por pegar a una maestra, por empuñar un arma, por lastimar a alguien. Asà como muchos escuchamos esa campaña "para que vuelvan los lentos", iniciemos una con el fÃn de " que vuelvan las buenas personas". No es imposible, pero sà impostergable. No los entreguemos a que el mundo los eduque, ellos deben ser mejores que nosotros.
Escrito por MarÃa V. Fernandez para Carta de Lectores de ClarÃn.Â
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