Con pedido de publicación: El Organito
La puesta en escena de este clásico porteño en la Sala de la Asociación cultural, fue, para los que amamos el teatro, un deleite sin desperdicios.- En un ambiente sórdido, con escasa iluminación, casi en penumbras, y el amontonamiento de todos los únicos mobiliarios con que esa familia contaba, se desarrolla la obra.
Al entrar a la sala y ver la escenografía montada, ya nos habían predispuesto al goce de una gran velada teatral; mérito indiscutido de la excelente dirección del Sr Norberto Barruti.-
La obra se desarrolla bajo el predominio tutelar del padre, cuyas ordenes e instrucciones en ese ámbito del sub-desarrollo social y cultural de aquel entonces, eran palabras sabias y sagradas.-
La esposa y madre de sus 3 hijos, debía vivir, porque eso era ley, bajo el yugo marital del esposo; ni tan siquiera supo llorar cuando sus hijos, ya cansados, deciden irse abandonando el hogar.-
A él le debía obediencia fiel; él era el “empresario” que enseñaba a sus hijos y cuñado las distintas habilidades para ganarse las monedas diarias, engañando con hipócritas dolencias, como renguera, ceguera, jorobas, etc. etc. y el remanido “una monedita por favor”
En una de sus divagaciones de ilusión intelectual del sub-desarrollo decadente, al impartir sus acostumbradas diatribas llegó a “filosofar” con que. a mayor mendicidad, mayor cantidad y más grandilocuentes iglesias existirían.-
Era tal el deterioro moral que, ese ser autoritario, estaba convencido que hacía lo correcto y que para obtener el sustento diario: todo valía, y hasta sacrificó recursos para embellecer a la hija con miras a “engancharla” con un supuesto músico y artista.-
Fue tal la justeza actoral que, no caben dudas de una muy buena disciplina en los ensayos, y hablar de cada uno de ellos es casi imposible por razones obvias de espacios, pero con debidas disculpas a todos, me voy a permitir por derecho de localía hablar de ADOLFO RECCHIA: A Adolfo ya lo conocíamos por las distintas actuaciones en las que nos había demostrado un gran dominio escénico y actoral de muy buena factoría, pero siempre dentro de un mismo género: casi histriónico y reidero; pero anoche brindo un desborde de actor completo en un drama cuya figura principal era él, en conflicto permanente con sus hijos, con quienes mantenía reñidas y àsperas discusiones que las supo llevar sin errores con gestos y movimientos muy bien articulados y sin caer en la sobre-actuacion que es muy común en estos casos.- Nogoyá ha sido una ciudad de privilegio: en todos los tiempos hemos tenido algún referente teatral de muy buen calibre, hoy también lo tenemos.-
Felicitaciones Adolfo Recchia. Y para terminar debo decir que vimos un grotesco sin groserías.-
JORGE A. SCIARA
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