Elogio de la complejidad
Cuanta una anécdota, de dudosa veracidad, que Albert Einstein, estando en una reunión social, fue abordado por una señora de alta alcurnia que le solicitó le explicara su célebre teoría de la relatividad.
El genio de la física accedió gentilmente, pero la mujer no entendió nada de lo que este le dijo. Einstein, que debió estar de muy buen ánimo aquel día, le dio una segunda explicación, un poco más sencilla, para que la señora entendiera, pero tampoco tuvo éxito. Con la capacidad de su paciencia casi colmada, el creador de E= mc2, ensayó una tercera y aun mas simplificada explicación. Con un gesto de satisfacción, la señora le hizo saber que ahora si había entendido pero Einstein replicó que esta tercera versión, extra simple, ya no era la teoría de la relatividad.
Es parte de nuestra idiosincrasia una marcada tendencia a la visión binaria de la realidad, y de nuestro posicionamiento ante la vida. Simplificar el pensamiento a que todo es blanco o negro, nos puede estar ocultando una infinidad de matices, con el riesgo de estar viendo una realidad que no existe.
Lamentablemente la educación, publica o privada, que hemos recibido, y que se sigue dictando, no ayuda para formar el pensamiento crítico; para formar subjetividades más o menos sólidas.
Los medios de comunicación foguean en un sentido u otro, de acuerdo a sus propios y mezquinos intereses. Solo por dar un ejemplo: Desde hace algunos años, los programas de debate serio y responsable, son rarezas en vías de extinción. Hoy, informarse solo por una boca de expendio noticioso es casi un suicidio neuronal.
A este panorama poco alentador hay que sumarle que la gran mayoría de compatriotas se encuentra atrapado hasta el cuello en la vorágine de una vida consumista, dentro de un sistema que lo único que pretende de ellos es que se esclavicen cada vez mas para que consuman cada vez mas y seguir alimentando esta imparable e inmensa bola de nieve que se conoce como capitalismo globalizado.
En nuestro país, la coyuntura exige polarización, y con nuestra natural tendencia a pensar simplemente a favor o en contra, pro o anti, amor u odio, vamos haciéndole el juego a los que nos marcan este destino bipolar.
Nadie puede inyectarnos la necesidad de saber más, de saber de que se trata. Nadie puede insertarnos indignación cuando nos quieren dar la papa en la boca, lista para tragar. Nadie nace con la capacidad de leer entre líneas. Nadie puede lavarle la cara y sacarle las lagañas a nuestro pensamiento crítico, por nosotros. Nadie puede señalar la zanahoria ajena. Nadie, y mucho menos los que se benefician de todo esto.
El presente nos exige examinarnos profundamente a nosotros mismos, indagarnos sin piedad frente al espejo para determinar cual es nuestro posicionamiento real; cual es nuestra propia subjetividad, con sus defectos y virtudes. Y no hablo de banderías partidarias, eso puede venir después… o no. Hablo de, parafraseando a Sartre: descubrir que queremos hacer con lo que hicieron de nosotros. En definitiva: saber quienes somos y para donde queremos ir y, una vez determinado esto, tirar el ancla. Entonces, y solo entonces, veremos como los distintos temas, coyunturales o estructurales, estarán delante o detrás de nosotros, a nuestra derecha o a nuestra izquierda, por arriba, por debajo o a nuestra altura; dejando, de una vez por todas, de confundir lo urgente con lo importante que pocas veces van de la mano.
Por supuesto que siempre están los indiferentes que creen, desde una supuesta lejanía, que esto no los afecta o que están mas allá de un posicionamiento en particular. Este comportamiento solo es explicable con autoengaño o un inquietante grado de ignorancia. ¡Dios nos libre de los asépticos indiferentes!
Para terminar: Habrá que animarse a ir más allá de este panorama infantiloide, donde los buenos están de un lado y los malos del otro. La realidad es muchísimo mas compleja que una película de Disney. Deberemos complejizar nuestra visión para complejizar (enriquecer) los debates. En la Argentina que se viene, es imprescindible, si es que queremos que las cosas cambien para bien.
Estoy seguro que, la mayoría de nosotros, no queremos una teoría de la relatividad, tan simplificada, que dejó de serlo.
Felipe Ignacio Díaz
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