El espejo no miente
“…Nosotros escribiremos nuestra historia. Si en 50 o 100 años fuera a haber historiadores y se preservaran las filmaciones de una semana de las tres cadenas, encontrarán grabadas, en blanco y negro y a color, la evidencia de decadencia, escapismo y aislamiento de la realidad del mundo en que vivimos. Estamos cómodos, somos adinerados, gordos y complacientes. Tenemos alergia a la información desagradable y perturbadora. Pero si nos deshacemos del exceso de “grasa” y reconocemos que la televisión se usa para distraer, engañar, divertir y aislarnos, la televisión y los que la financian, los que la miran y los que trabajan en ella podrían ver una película distinta demasiado tarde…
…A los que dicen: “A la gente no le interesará, son demasiado complacientes, indiferentes, están aislados”; sólo puedo responder que según la opinión de un periodista hay suficiente evidencia que refuta esa posibilidad. Pero, aunque tuvieran razón: ¿Qué podrían perder? Porque, si tienen razón, y este instrumento sólo sirve para entretener, divertir y aislar; el tubo está titilando y pronto veremos que la lucha está perdida. Este instrumento puede enseñar. Puede educar y si, incluso inspirar. Pero sólo puede hacerlo si los humanos se disponen a usarlo con esos fines. De otro modo, sólo son cables y luces en una caja…”
Este es un fragmento del discurso pronunciado por el legendario periodista norteamericano Edward R. Murrow, en un homenaje que le realizó la Asociación de Directores de Noticias de Radio y Televisión (R.T.N.D.A. su sigla en inglés), el 23 de octubre de 1958. Estas palabras fueron pronunciadas delante de todo el stablishmen mediático de la época. Murrow se ganó su reputación de bronce cuando enfrentó al, por entonces, todo poderoso Senador Joseph Mc Carthy y a su cruzada anticomunista que terminó aterrorizando a EE.UU. en una “caza de brujas” desenfrenada.
¿Alguien puede dudar que hoy, 50 años después, nuestra televisión vernácula, salvo honrosas excepciones, chorrea grasa por los cuatro costados? Como prueba irrefutable, la realidad nos indica que hoy se discute y se juega el destino político del país en el programa de Marcelo Tinelli… Y lo que es aún peor: La gran mayoría de la opinión pública, sectores medios, intelectuales, politólogos, etc., etc., etc., se enredan en la discusión de si tal o cual imitación fue mejor que otra; o si favorece mas a un candidato que a otro, como si se tratara de un profundo análisis político y social de la coyuntura…
“La religión es el opio de los pueblos” dijo Karl Marx que, seguramente, no incluyó a la televisión en la frase, porque no existía todavía.
Aunque me gane el enojo de quien lea estas líneas, pienso que este fenómeno escatológico televisivo residual del menemísmo, no es otra cosa que un fiel reflejo de lo que somos, en lo que nos hemos convertido. Aunque tenga mis reparos en la manera en que se realiza los muestreos, debemos admitir que el rating siempre le ha sonreído al “Gomazo” más famoso… Ha amasado una fortuna inverosímil en todos estos años gracias a que la gran mayoría de los televisores del país le abrieron las puertas directas al corazón de los hogares.
Tenemos un dicho popular muy difundido que reza: “La culpa no es del chancho, sino del que le da de comer”. ¿La culpa es de los que no dan la papa en la boca, o de nosotros que la tragamos de una vez y complacidos?
Tendremos que hacernos cargo de que lo que vemos en el “espejo” televisivo es PA TE TI CO… Esto es lo que nos está devolviendo la pantalla: Humor fácil, pasatismo elemental y básico, total ausencia de espíritu crítico y capacidad analítica. El colesterol mediático nos está tapando las arterias del cerebro…
Como dijo Murrow hace 50 años: “Nosotros escribimos nuestra historia” y por ende, sólo nosotros podemos cambiarla. Al igual que él, me pregunto: ¿Qué dirán los historiadores cuando, a punto de festejar el tricentenario de la patria, vean las viejas grabaciones televisivas donde el gran debate nacional pasaba por “El gran cuñado”…?¡¡¡. En mi caso, la vergüenza se me está anticipando un siglo…
por Felipe Diaz
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