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Miércoles Sep 08

¿Yo señor?

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Escrito por Felipe Diaz Lunes, 08 de Febrero de 2010 00:09


Conocida la terrible tragedia de la muerte de un bebe de 3 años de edad, que habitaba una de las… ¿viviendas?, que lindan con el basural de nuestra ciudad, parece ser que el comentario políticamente correcto, por no hablar de “lugar común”, es horrorizarse y despotricar contra las autoridades gubernamentales de turno.

Sin ánimo de contrariar estas dos actitudes totalmente legítimas a las que además adhiero, no puedo dejar de señalar la preocupante superficialidad de nuestro justificado descontento social cuando ocurre un hecho de estas características. ¿Cuando terminamos de golpearnos el pecho y desgarrarnos las vestiduras, llegamos a preguntarnos que hicimos o hacemos como socidad para que esto no pase? ¿Se nos ha ocurrido pensar, alguna vez, en las causas y no solo patalear cundo se producen estas terribles consecuencias? ¿Estamos dispuestos a afrontar las convulsiones sociales que acarrearían las medidas políticas que ataquen de verdad las causas?

Para dejarlo en claro: Estoy planteando que la causa de esta y tantas otras desgracias cotidianas, que no siempre terminan en una muerte pero son igualmente lamentables, es la DESIGUALDAD y la EXCLUCION SOCIAL.

 Deberíamos, si es que realmente queremos que estos hechos no ocurran más, comenzar a preguntarnos estas cosas y poner nuestras respuestas mas sinceras sobre la mesa para que, reunidas las distintas respuestas del conjunto, abramos un debate profundo que determine como estamos y donde queremos ir, cambiando el paradigma de esta democracia que estamos construyendo, transformándola de representativa a participativa. O solo podemos horrorizarnos, despotricar y seguir nuestro camino hasta el próximo acontecimiento que nos vuelva a movilizar para repetir el ciclo de una vida de compromiso liviano y pereza analítica.

Por casualidad me tropecé con un numero de la revista “Caras y Caretas” de septiembre de 2006, la excelente publicación dirigida por Felipe Pigna. En este ejemplar se puede leer una editorial de dos página de la periodista y escritora Maria Seoane donde describe algunas medidas tomadas por el gobierno del, por entonces, presidente Néstor Kirchner y la necesidad de comenzar con algunas políticas y profundizar otras.

La autora de “La noche de los lápices” y “El saqueo de la Argentina” decía entre otras cosas: “Hace falta intolerancia a la desigualdad. Hacen falta palabras como brújulas. Es hora. Es hora, no hay duda.” También hablaba de la necesidad de modificar el “statu quo” que nos empuja a esa espantosa desigualdad. Pero sepamos que las transformaciones de este tipo, no son gratuitas. Las clases acomodadas no renuncian a sus privilegios sin dar pelea y les sobran los recursos para hacerlo. Eso sin contar a los sectores medios y bajos que les son funcionales, repitiendo el discurso dominante que nos impone esta elite.

Cuando los caídos del sistema, asqueados de su situación, salen a cuestionar el status quo imperante, son mal tratados por el discurso único propalado por los grandes medios de comunicación. Ya lo explicaba el escritor y filósofo Vicente Zito Lema en el libro de recopilaciones “Entre el deseo y la realidad”: “…Diluir la realidad desde un lenguaje conceptual apócrifo. Así los pobres serán nombrados como “excluidos sociales”, “sectores carenciados” o portadores de “necesidades básicas insatisfechas”. Quedan entonces fuera del discurso oficial de la verdad el sentido que tiene para el poder la apropiación de los medios de producción, pero también de los medios de vida, con su correlato: La necesidad de mantener la pobreza.

 El poder sabe, tras el manto de la historia, que desde la miseria, en su grado de crueldad extrema, tal como la conocemos, no surgen alternativas válidas al capitalismo, visto como la cara real del poder en nuestros días. Por ello también se ocultará desde los medios, o se minimizará como expresión aislada, la lucha de las víctimas por recuperar la dignidad y el dominio de sus cuerpos, enterrando la resignación. El circulo se completa mostrando como delito los métodos de lucha de los pobres cuando se tornan eficaces…” 

     No han sido pocos los que han señalado, por distintos medios de comunicación de nuestra ciudad, la supuesta injusticia que implicaría la ausencia estatal para hacer cumplir los derechos humanos de esta criatura que murió trágicamente, y la “exagerada” o “innecesaria” reivindicación de los derechos humanos de los desaparecidos durante la última dictadura. Aquí cabe destacar como se repite el discurso de disociación de las circunstancias actuales del país, con las atrocidades cometidas por los militares y el stablishmen financiero en los 70. Como si las consecuencias de aquellos crímenes no tuvieran nada que ver con nuestro presente colectivo. Pero además, y lo que es mas grabe, se termina convalidando el robo de bebes, la tortura, el arrojar a personas vivas desde aviones al mar, en definitiva: el terrorismo de estado.

     Por supuesto que hay grandes responsabilidades, en las autoridades, cundo ocurre un hecho de estas características. No solo se condena a amplios sectores de la población a vivir en condiciones infrahumanas, sino que se los deja morir como si nada. Sobre llovido mojado.
    ¿Pero si un día, los gobernantes de turno, desafiando al poder real se deciden a hundir al bisturí hasta el hueso para terminar con escandalosa inequidad en la distribución de la riqueza, ¿de que lado nos encontrará a cada uno de nosotros?   
    
        


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