La zoncera del Oscar
“Existe una inocencia en la admiración; la tiene aquel que no se la ha ocurrido que también él podría ser admirado alguna vez.”
Podríamos deducir de esta interesante frase de Friedrich Nietzsche que el que admira a alguien, conciente o inconcientemente, se está colocando a sí mismo en inferioridad de condiciones o autodenigrándose, y que el admirador crónico o choluelo, es un sujeto que proyecta su existencia a través de la vida de otros.
Esta teoría (buena o mala, pero mía) surgió al ver las distintas actitudes que tomaron los involucrados en la película que le dio el segundo premio Oscar de su historia al cine argentino. Por un lado tenemos a los actores protagónicos absolutos de “El secreto de sus ojos”: Soledad Villamil y Ricardo Darín, que no concurrieron a la ceremonia en Hollywood; la primera por razones laborales y el segundo explicó que después de haber pasado muy malos momentos en la entrega del año 2002 (“El hijo de la novia”) por la paranoia norteamericana, ocurrido el atentado a las torres gemelas, no tenía intenciones ni ganas de asistir. Por más que el periodismo capitalino intentó tejer e inventar algunas historias de misterio e intrigas en torno a la decisión de Darín, el actor se mantuvo en sus dichos.
En las antípodas de sus compañeros de elenco lo encontramos a Guillermo Francella, que si bien interpretó un personaje importante en el relato cinematográfico, esta no deja de ser una participación secundaria, y no pudo disimular el brillo casi infantil en los ojos y la “cara de juguetería” ante el hecho de viajar y poder “cholulear” en todo ese circo primer-mundista. Tan obvio fue que, ni bien bajó del avión de regreso, dio una conferencia de prensa en el mismo aeropuerto y un periodista le consultó si las estrellas hollywoodenses son como en las películas o si en persona se le notan las arrugas… (¿?).
No estaría de mas aclarar un detalle semántico: El Oscar adjudicado al film de Juan José Campanella pertenece a la “mejor película hablada en idioma no inglés” y no “mejor película extranjera” como se lo denomina comúnmente. O sea que el único requisito que le impide a una película competir en los rubros “normales” es el idioma y no una cuestión geográfica.
No es intención de quien escribe minimizar la importancia de recibir la estatuilla otorgada por la academia de cine norteamericana. La intención es solamente resaltar el posicionamiento que se adopta ante el sobrevaluado galardón. O nos comportamos dignamente o nos comportamos como “choluelos”; o al decir de Arturo Jauretche, como “tilingos” y “cipayos”.
Hablando de Don Arturo y relacionándolo con la frase de Nietzsche que citamos al comienzo de estas líneas, en su “Manual de zonceras argentinas”, mas precisamente en “Zoncera Nº 13, Este país de m…” escribió: “…La autodenigración se vale frecuentemente de una tabla comparativa referida al resto del mundo y en la cual cada cotejo se hace con relación a lo mejor que se ha visto o leído de otro lado, y descartando lo peor… Pero en realidad se trata de la mentalidad colonial.”
Pero dos de nuestros mas perfectos especimenes de zonzas tilingas, como lo son Susana Giménez y Mirtha Legrand, en una charla “mano a mano” televisada resaltaban la gran inseguridad que deben sufrir en nuestro país y lo bien que lo pasan en Miami que es mucho mas seguro. Aquí tenemos una nueva y mejorada forma de zoncera que no solo hace una comparación odiosa, sino que se miente ya que las cifras difundidas por las propias autoridades de aquel soñado lugar de Florida dicen totalmente lo contrario.
Como última mutación de tanta “zoncera”, ante la desastrosa crisis económica desatada en el, para algunos, idílico país del norte de América y que repercute en todos los rincones del globo, la auto-denigración ahora pasa por compararnos con Brasil, Chile o Uruguay. Siempre hay algo que ellos hacen mejor…
¿Que quiero decir con todo esto? Que es bueno que la principal potencia económica, bélica y hegemónica reconozca el talento y la capacidad argentina pero esto debería ser solo un refuerzo, una confirmación de lo que nosotros ya deberíamos aprender a aceptar: Ni somos los mejores del mundo en todo, ni tampoco somos los perores del mundo en todo. Deberíamos empezar a querer profundamente nuestra argentinidad, con todos sus defectos y virtudes sin esperar que venga ningún papá-país extranjero a decirnos lo que debemos pensar de nosotros mismos.
Le dejo el cierre a Don Arturo… ¡Humille maestro Jauretche!: “Un amigo que hace muchos años percibió la contradicción en nuestra tan mentada “viveza criolla” y la “zoncera”, la explicaba así: “El argentino es vivo de ojo y zonzo de temperamento”, con lo que quería significar que paralelamente somos inteligentes para las cosas de corto alcance, pequeñas, individualistas, y no cuando se trata de las cosas de todos, las comunes, las que hacen a la colectividad y de las cuales en definitiva resulta que sea útil o no aquella viveza de ojo”.
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