Mi viejo
Los sábados eran los únicos días en los que me despertaba muy temprano sin que nadie me lo recordara. Me quedaba muy quietita en la cama, escuchando el silencio, tratando de descubrir o percibir el aroma que le daría alegría o desdicha al fin de semana. La tos, producto de años de cigarrillo, o el aroma del primer pucho mañanero, darían a mi infantil existencia toda la alegría que necesitaba. Mi padre vino o no, eso era todo lo que importaba. En esa época era héroe indiscutible, semi dios en su pedestal, pero la niñez se termina y nuestro héroe es sólo el hombre con quien tenemos diferencias.
Mi padre y yo tuvimos una relación de amor y odio. Él no era el padre perfecto, ni yo la hija ejemplar.
Nunca fue a un acto de la escuela, ni firmo jamás un boletín. No conoció a mis maestras, no estuvo cuando terminé la primaria. Nunca me dijo que estaba orgulloso de mi, ó me alentó a seguir adelante.
Jamás pasó inadvertido, todo a su alrededor brillaba. Era el rey de cualquier lugar, nunca se estaba serio en su presencia. Era una fuente interminable de historias y chistes.
La forma correcta de criar a sus hijos era el hecho de que no le faltara nada, eterna discusión. Yo sólo quería a mi papá, aunque me faltaran algunas cosas, pero yo era demasiado chica como para saber de que se trata la vida o eso decçia el.
Él era así. Un espíritu libre, cometió errores imperdonables, pedía disculpas y volvía a caer.
Mi padre no era el ser perfecto digno de un poema como esos que se pueden leer por ahí. ¿Realmente los padres son así como en los poemas? ¿Son seres inmaculados dotados por dios con la gracia y luminosidad divina? ¿O son seres humanos, así lleno de defectos, tratando al igual que nosotros hoy de ser los mejores padres posibles? No sería más fácil decirles a nuestros hijos HAGO LO MEJOR QUE PUEDO, COMETO ERRORES PERO SOBRE TODO TE AMO. Así dejarían de buscar al padre de los poemas, y quien sabe, tal vez, se alivie el trabajo de los psicólogos.
Como ya dije, mi viejo no era digno de un poema. Tal vez si de una novela mexicana(chiste). Pero fue mi héroe, mi dios supremo, mi enemigo, mi primer desilusión.
Mi viejo y yo tuvimos una relacion de amor y odio durante mucho tiempo, pero el tiró la toalla, abandonó la pelea. Me dejó sola con miles de preguntas sin ninguna respuesta. Se fue así como así. Hace no se cuantos años, la verdad no se ni quiero saber, prefiero despertar un sábado por la mañana, quedarme quietita y descubrir cierto olor al humo del cigarrillo, ese el primero de la mañana, el que marcara la alegría del fin de semana.
Mi viejo era único, el más genial con sus virtudes y defectos. No era digno de un poema, pero si era digno de un premio sólo, por eso, simplemente por ser MI VIEJO.
por Marita Diaz
| Comentarios |
|





