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No es política – ficción: es un anticipo del futuro

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Escrito por Nogoya 451º Lunes, 22 de Febrero de 2010 00:01

 

El 12 de enero de 1942, poco más de un mes después del ataque japonés a Pearl Harbour, todos los cancilleres americanos estaban reunidos en Río de Janeiro. La reunión fue convocada por el presidente Franklin Roosevelt y se destinaba a obtener la ruptura de las relaciones diplomáticas de América Latina con el Eje roma – Berlín – Tokio. Doce países ya lo habían hecho, pero faltaban los Tres Grandes –Brasil, Argentina y Chile- De los tres, sólo Brasil tenía importancia estratégica a causa de las bases aéreas. Getulio Vargas, presidente de Brasil,  estaba enamorado de los alemanes. Su ministro de Guerra, Eurico Gaspar Dutra, celebró la caída de París, y el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Goes Monteiro, pasó sus últimos años con la certeza de la victoria nazi en la cabeza y la Gran Cruz del Águila alemana en el uniforme.

 Los americanos temían tres cosas: un ataque alemán en la costa brasilera, un golpe filonazi en Argentina y una insurrección de las colectividades alemanas e italiana del sur del Brasil. En 1940, para conjurar esa hipótesis, el ejército americano, autorizado por Roosevelt, concibió un plan audaz. Se llamaba “Pote de Oro” y preveía la ocupación de toda la costa brasilera, de Belém a Río de Janeiro. Movilizaría cien mil soldados, pero fue suspendido.

 Hacia finales de 1941, un trascendido militar norteamericano anticipaba que los Estados Unidos tomarían las bases del Nordeste “por las buenas o por las malas”, al tiempo que se finalizaba en Washington un nuevo plan previendo la ocupación de las pistas de aterrizaje de Belém, Natal, Recife y Salvador. En una de sus versiones, denominada “Arco Iris 5º”, movilizaría sesenta mil hombres. En otra, “Lilac”, el resultado podría ser obtenido con una vanguardia de quince mil.

 Inmediatamente antes del ataque japonés a Pearl Harbor, las presiones para que Vargas entregase las bases eran tan grandes que él registraba en su diario: “No es una colaboración. Es una violación”.
 Por si acaso, dos semanas después de la entrada de Estados Unidos en la guerra, ciento cincuenta infantes americanos desembarcaron pacíficamente en las bases de Belém, Natal e Recife. Todos estos hechos están documentados y son conocidos. Faltaba la opinión jerárquica para demostrar que ese material no era una simple asociación de conjeturas y planes de contingencia habituales en tiempo de guerra. Los americanos estaban realmente dispuestos a atacar. Y aquello apareció.

 Trátase de un telegrama del subsecretario de Estado Summer Welles al presidente Roosevelt, fechado el 12 de enero de 1942. Se refería a información de la delegación americana en la Conferencia de Río, donde estaba el jefe del Estado Mayor americano, general George Marshall. Getúlio continuaba porfiando y Welles transmitía al presidente de los Estados Unidos la opinión del general: “Marshall dice que no es seguro dar a Brasil armas que podrían ser usadas contra nosotros o en una revolución(pro – Eje) que, iniciada en Brasil podría tener repercusiones fatales.

 Si llega a ser necesario entrar en la fuerza en el Nordeste brasilero, el esfuerzo podría ser mayor de lo que estamos suponiendo”. El general quería, sin embargo, que Roosevelt lo autorizase a ofrecer armas a Getúlio. Él lo autorizó, y una semana después Welles estaba con el dictador garantizándole el ofrecimiento y obteniendo la promesa de la ruptura con el Eje, hecha sin ningún entusiasmo. Dutra se quejaría que los americanos no les dieron exactamente las armas solicitadas. Más allá de eso, en abril de 1942 el general Eisenhower, asistente de Marshall, ordenó actualizaciones en los planos de operaciones del Nordeste.
 Vargas cedió y un año después se encontró con Franklin Roosevelt en la base a´rea de Natal, donde los americanos controlaban los aeródromos por donde pasaba el esfuerzo americano hacia África.
 
 El mensaje del general Marshall a Roosevelt fue revelado por el hijo de Welles, Benjamín, que acaba de publicar la biografía de su padre. Se llama “Sumner Welles FDR’s Global Strategist” – “Sumner Welles, el Estratega global de Franklin Delano Roosevelt”). El episodio brasilero ocupa tres páginas. Para los sobrevivientes de la época en que se vivió esa guerra diplomática, hay en el libro otra sorpresa. Muerto en 1961, a los 69 años, aristocrático y elegante, típico modelo punblicitario de prendas de vestir, diplomático competente y gran amigo de Roosevelt, era una apuesta segura para ocupar el cargo de secretario de Estado. En 1943, inesperadamente, renunció al cargo y a la vida pública. Ahora, el hijo revela la causa de la desgracia. Sumner Welles era homosexual y estaba siendo vigilado por el FBI desde 1940, cuando acosara a un empleado del tren presidencial. Sus enemigos chantajearon con este dato a Roosevelt y ganaron la partida.
 

Pero en tiempos más recientes, el peligro de una invasión norteamericana a la Amazonia, es decir, Brasdil, sigue latente.
 
 Las tentativas comenzaron a principios del siglo XIX, jamás desaparecieron y ahora constituyen un riesgo inminente. Las riquezas de la región más que las preocupaciones ecológicas llevan a los países implicados a cuestionar la soberanía brasilera sobre la Amazonia, con el pretexto de que ellos precisan cuidar las selvas y el aire que respiran, como declaró el (ex) presidente Clinton en vísperas de la apertura de la sesión especial de las Naciones Unidas que debaten la cuestión ambiental.
 
 Ya en abril de 1817, el capitán de la Marina de los Estados Unidos, Matthew Fawry, famoso por sus trabajos en geografía y geopolítica, envió a la Secretaría de Estado un extraño mapa de América del Sur, rediseñada por él. El mapa acompañaba un memorándum secreto iniciado en 1816 (casualmente, el año de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, hoy Argentina) titulado “Desmovilización de la Colonia del brasil”.Por que en el mapa, así como en el memo anteriormente nombrado, sugería que los Estados Unidos tomaran la iniciativa de estimular la creación de un “Estado Soberano de Amazonia”, incluyendo la región delimitada por las Guyanas actuales, la frontera de Venezuela y Colombia al Norte y al Sur, por una línea recta que comenzaría en San Luis de Maranhâo y hoy terminaría en el punto extremo donde Rondônia limita con el Mato Grosso.
 
 
 Las sugestiones de Fawry no se detenían allí en su intento de desestabilizar al Brasil, porque sugerían también la creación de la República del Ecuador que nada tenía que ver con este país actual pues englobaría los actuales estados brasileros de Sergipe, Halagaos, Pernambuco, Paraíba, Rio Grande do norte, Ceará, Piauí y parte de Maranhâo. Crearía, además, la “provincia autónoma de Bahía” y, más allá, la “República Riograndense”. Lo que sobrase sería el Brasil...
 
 “Casualmente”, en 1817 comenzó la guerra entre Argentina y Brasil. Estoy tentado a verla, no como el producto de rencillas particulares entre naciones anárquicas y primerizas, sino fomentado dicho conflicto como intento de desestabilizar y debilitar a dos grandes naciones permitiendo la multiplicación de luchas intestinas que las fragmentaran. Recordemos que en Argentina, inmediatamente después, nacen las sangrientas guerras internas entre “unitarios” y “federales”. Éstos últimos, acérrimos defensores de la autonomía que llevaría a constituir tantas naciones como provincias casi tuviera la Argentina, eran en su amor al terruño y odio al centralismo de Buenos Aires, sin embargo, funcionales a los poderosos intereses que querían evitar la consolidación de países territorialmente extensos y, por ende, de amplios recursos. Táctica que se complementaba, por ejemplo, con el clandestino apoyo que Francia le daba al “emperador de la Patagonia”, el casi demente Antoine de Orveille, o el apoyo logístico que capitales británicos le dieron al cacique Calfucurá que desde Masallé, en las Salinas Grandes, trataba de crear un “imperio araucano” que escindiera la Patagonia.)
 
 Coincidencia o no, en 1823 surgió en el Nordeste una rebelión contra Don Pedro I, con el Brasil ya transformado en imperio. ¿Qué nombre dieron los revoltosos bajo el mando de Manoel Pares de Andrade y Fray Caneca a la república que fundaron antes de verse batidos por las fuerzas imperiales?. Confederación del Ecuador...

 Más tarde, en plena Guerra Civil americana, Lincoln hace la Declaración de la Emancipación, el 22 de setiembre de 1862, declarando “desde ya y para siempre libres a todos los esclavos existentes en los Estados rebeldes”. Con la victoria de la Unión, el presidente norteaericano se encontró con una representación de negros liberados y les sugiere, conforme a la propuesta del general James Watson Webb, ministro plenipotenciario de Washington ante la corte de Don Pedro II, la creación de un Estado Libre para los negros americanos. ¿Dónde?. En la Amazonia... Don Pedro II perdió muchas noches de sueño hasta que, al final, fue salvado por el propio grupo de negros que Lincoln había convocado. La respuesta de ellos fue: “No aceptamos la propuesta, porque este país también es nuestro”.
 ¿Son reminiscencias del pasado, cosas de antaño, esas embestidas sobre el Amazonas?. Si así lo creen, conviene repasar algunos comentarios recientes de líderes de actualidad:
 “Al contrario de lo que los brasileros piensan, la Amazonia no es de ellos; es de todos nosotros” (Al gore, 1989, vice – presidente de los Estados Unidos).

 “Los países industrializados no podrán vivir como lo hicieron hasta hoy si no tuvieran a su disposición los recursos naturales no renovables del planeta. Tendrán que montar un sistema de presiones y restricciones que garanticen la consecución de sus intenciones” (Henry Kissinger, 1994, ex Secretario de Estado americano).
 “El Brasil debe delegar parte de sus derechos sobre la Amazonia a los organismos internacionales competentes2 (Mikhail Gorbachev, 1992, ex Primer ministro de la extinta Unión Soviética).
 “El Brasil precisa aceptar una soberanía relativa sobre la Amazonia” (François Miterrand, 1989, entonces presidente de Francia).

 “Las naciones desarrolladas deben extender el imperio de la ley a aquello que es común para todo el mundo. Las capañas ecológicas internacionales que buscan la limitación de las soberanías nacionales sobre la región amazónica están dejando la fase propagandística para dar inicio a una fase operativa, que puede, definitivamente, implicar intervenciones militares directas sobre la región” (john Major, 1992, entonces Primer ministro de Inglaterra).
 “Sólo la internacionalización podrá salvar la amazonia” (Grupo de los 100, 1989, ciudad de México).

 “La Amazonia es un patrimonio de la humanidad. La posesión de esa inmensa área por los países mencionados (Brasil, Venezuela, Colombia, Perú y Ecuador) es meramente circunstancial” (Consejo Mundial de Iglesias Cristianas reunidas en Ginebra, 1992).
 “Es nuestro debe garantizar la preservación del territorio de la amazonia y de sus habitantes aborígenes para el disfrute de las grandes civilizaciones europeas cuyas áreas naturales están reducidas a un límite crítico” (ídem).

 Hay que ser tonto o malintencionado para no ver que ha comenzado el sistema de presiones preconizado por Kissinger, o la fase operativa de John Major. No se indican fechas, por supuesto y al menos por ahora, para operaciones militares. Los “marines” aún no están saltando sobre la Amazonia, porque esa no es la estrategia del poder.

Ellos tienen tiempo y paciencia. Pretenden, primero, concienciar a la opinión pública mundial que los brasileros, son irresponsables, dilapidadores de la naturaleza, vándalos que no merecen detentar la soberanía de su propio territorio. Puede llevar algunos años porque comienza con el lavado de cerebro del ciudadano común y, en especial, de los niños. Éstos, cuando adultos, de tanta propaganda antibrasilera, aceptarán sin pestañear, hasta con aplausos, una decisión cualquiera de las Naciones Unidas o de otro organismo internacional, “internacionalizando” la región.

 ¿Evidencias de ello?. Vamos a algunas.

 El hombre – Araña, una historieta muy popular, combate en algunos episodios contra hacendados y autoridades de Brasil, “para salvar la Amazonia”. Superman, en vez de combatir a Lex Luthor, se dedica en una aventura a enfrentar a los madereros que destruían la región. Venció, por lo menos en la revista.

 Una cadena internacional de hamburgueserías distribuye una historieta donde dos chicos conversan sobre sus preferencias: o la rodaja de cebolla, o el pepino en conserva. Sorpresivamente, sin más ni menos, uno de ellos dispara: “¿Sabías que en Brasil se quema un campo de fútbol por segundo en la Amazonia?”.
 Y hablando de hogueras: numerosos restaurantes populares de comidas rápidas. En los Estados Unidos, utilizan manteles descartables en sus mesas. En ellos se leer con mucha frecuencia lo mismo que los ingleses colocan en calcomanías en sus autos: “Luche por las selvas. Queme un brasilero”.
 
 ¿Terminamos?. No. Unos meses atrás la cadena de televisión CNN dedicó a la Amazonia un comercial institucional presentado por su corresponsal en Río de Janeiro, Marina Mirabella. Ella muestra, primero, las bellezas y maravillas de la región, exaltándolas. De pronto, un corte y escenas de incendios, desvastación de la flora y la fauna, suciedad e inmundicia. La conclusión de la periodista, en “off”: “Son los brasileros quienes están haciendo esto. ¿Hasta cuándo?. La Amazonia pertenece a la humanidad y el Brasil no tiene capacidad para preservarla”.

 Aún más. La revista “Science”, editada en Washington, acaba de publicar un reciente estudio mostrando que en treinta años los recursos de agua dulce del planeta no serán suficientes para aplacar la sed universal, y el mayor problema es la falta de acceso a esa agua porque dos terceras partes están en las neveras de los polos. En seguida sostienen que el río Amazonas acarrea el 15 % del agua dulce de la Tierra, y “sólo es accesible a veinticinco millones de personas, constituyendo una opción exótica, por ello, acudir a los icebergs...”.

 Conforme la afirmación del ex Ministro de Marina, almirante Maximiano da Fonseca, en la capital americana son frecuentes los comentarios en las escuelas públicas que la invasión de la Amazonia es inevitable, y que ocurrirá más pronto o más tarde.
 Sendos documentos continúan siendo emitidos por el Consejo Mundial de Iglesias Cristianas. Con sede en Ginebra, sustentando “la necesidad de infiltrar misioneros en la selva para delimitar las naciones indígenas, siendo nuestro deber preservar este inmenso territorio como patrimonio de la humanidad antes que de los países que pretenciosamente dicen poseerlo”.
 

Contacto: Miguel David 51, Paraná. Celular: 0343 156 234 381- Email: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla Web: www.alfilodelarealidad.com.ar


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