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Miércoles Mar 10

¿Que te puedo cobrar…? Parte I

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Escrito por Felipe Diaz Lunes, 25 de Enero de 2010 16:49


¿Martín (Hernán Pérez) Redrado se tiene que ir o se tiene que quedar? ¿Hay que pagar con las reservas o no? Todas las preguntas que han surgido en estos agitados primeros días del año como consecuencia del culebrón generado por la caprichosa, pera nada casual, actitud del presidente del Banco Central son solo pirotecnia que esconde, queriendo hacerlo o no, la verdadera pregunta de fondo: ¿La deuda externa argentina, y latinoamericana, es legal y legítima, y por lo tanto, digna de ser honrada?.

 

Desde el oficialismo se acusa a los que se han hecho oír formulando este cuestionamiento, de ser funcionales a la derecha por el momento coyuntural que se ha elegido para reavivar el reclamo y puede ser que algo de razón tenga. Desde gran parte de la oposición (en su mayoría) se han hecho sospechosa y llamativamente los distraídos al planteo. Sería bueno que desde todo el arco político que a pasado y pasa por los distintos poderes en nuestro territorio nacional, a lo largo de 26 años de vida democrática, comenzaran a hacerse cargo de haber hecho oídos sordos y mirado para otro lado a la hora de tomar cartas en el asunto y hablar con coraje de la mayor estafa en la historia de nuestro país. En algunos casos porque el tema les queda grande y en muchos otros porque han sido cómplices.

     Da vergüenza ajena tener que salir a aclarar, después de tantos años de injusticia, ocultamiento de la verdad, saqueo y robo de los bienes públicos, ajuste y condena a la pobreza de la gran mayoría de nuestros compatriotas; que la denuncia y el reclamo sobre la legitimidad de la deuda externa no comenzaron cuando el lord, que está atornillado en la presidencia del Banco Central, se encaprichó con el apoyo político de la oposición y mediático del grupo Clarín. Pero, una vez más, repasemos la crónica de la inmoralidad escondida y sepultada por TODO el stablischman nacional:

     Alejandro Olmos fue un periodista e historiador tucumano de fuerte ideología nacional y popular que en 1946, cuando solo contaba con 22 años de edad, denunció irregularidades en la creación de SOMISA e inicio una acción judicial contra, nada mas ni nada menos, el General Perón. A pesar de esto, en 1955 se acercó definitivamente al peronismo. Su trabajo militante lo llevó a convertirse en una de las máximas autoridades en el estudio de la deuda externa argentina. En 1982, en plena dictadura militar, presentó una denuncia contra el ministro de economía de la dictadura José Martínez de Hoz. Después de 18 años de investigación, el Juez Federal Jorge Ballesteros dictó, en el año 2000, un fallo histórico confirmando que la deuda no tiene ningún tipo de justificación: ni económica, ni administrativa, ni financiera. Este fallo está disponible en Internet para quien quiera leerlo y revisarlo. Lo aclaro porque casi toda nuestra clase dirigente pareció y parece ignorarlo.

     En 1999 se llevó a cabo el Tribunal de la Deuda Externa en Brasil. Entre expositores de Bélgica, Mozambique, Rusia, Corea, Inglaterra, Jamaica, Perú y Honduras, Olmos expuso con gran claridad “el caso argentino”. Transcribo parte del texto:

"Traigo a este Tribunal, instituido por los más representativos sectores del pueblo brasileño, el testimonio del "caso argentino" en el marco del sistema de endeudamiento externo que afecta a los países sojuzgados por la superestructura del poder financiero. El testimonio, que vengo a exponer al conocimiento de los hermanos del Brasil, tiene el valor relevante de conformar la causa judicial más importante que sustancian los tribunales argentinos. Nosotros tenemos compañeros, el triste privilegio de haber llevado a cabo una investigación penal de la deuda externa. Deuda que configura la mayor estafa en la historia de los argentinos. He sido, Sres. Jueces, el denunciante -ante la justicia federal de mi país- de este escandaloso fraude. Y desde 1982, en pleno ejercicio del poder por la Junta Militar de la dictadura de entonces, vengo impulsando -hasta ahora- una investigación judicial que ha acumulado todas las pruebas de esa estafa.

 Traigo, pues, una visión que escapa a los números que manejan los tecnócratas de la economía, porque la deuda externa argentina es el resultado de una gigantesca maniobra de dominación mediante procedimientos previstos y reprimidos por la ley penal. Los peritos judiciales que llevaron a cabo una profunda investigación en los organismos del Estado dictaminaron que los actos de endeudamiento constituyeron actos ilícitos. Y, obviamente, no puede ser legítima una deuda generada en formas delictivas de una planificación económica. Esta visión de la deuda no es caprichosa ni conjetural sino que surge de un voluminoso proceso judicial en el cual las pericias producidas constituyen una parte fundamental de la prueba y tales peritos, Sres. Jueces, no se hallan afectados por parcialidades ideológicas. Los mismos integraron una Comisión ad-hoc designada por el Tribunal Federal y se constituyó con expertos propuestos por la Academia Nacional de Ciencias Económicas, la Facultad de Ciencias Económicas y el Consejo Profesional de Ciencias económicas. Los mismos actuaron en forma conjunta con los Peritos Contadores del Poder Judicial. Expertos y Peritos indagaron en el Banco Central de la República Argentina y en las empresas del Estado…

…Me he referido, puntual y someramente, a YPF como un caso testigo del fraude instrumentado contra los intereses del Estado y del pueblo de mi país. Es tan sólo un ejemplo de cómo se destruye, desde adentro, una economía nacional conducida por funcionarios al servicio de intereses espurios y en exclusivo beneficio de su propio lucro. En esta investigación judicial el Dr. José Alfredo Martínez de Hoz, primer Ministro de Economía del gobierno militar y protagonista autoral de la política económica iniciada en 1976, fue procesado por defraudación al Estado. Precisamente, por el endeudamiento externo que él iniciara al amparo de las armas que produjeron el mayor de los genocidios. Cuando Martínez de Hoz declara ante el Tribunal explica que, en la época en que él asumiera el Ministerio, el mundo afrontaba la amenaza de un "crack" internacional que podía producir la desestabilización de todo el sistema financiero. Esto como consecuencia del exceso de dólares generado como efecto del boom del petróleo. Los bancos se encontraban, entonces, con una enorme liquidez por los depósitos realizados por los países productores de petróleo.

Esto determinó que, reunido el Fondo Monetario, el Banco Mundial y los distintos organismos financieros, encontraran como solución destinar esta enorme masa de dólares a países que pudieran absorberlos como créditos. La Argentina fue uno de los países elegidos. Fue así que de una deuda externa de 8.000 millones de dólares a principios de 1976, dicha cifra trepó a 43.500 millones en 1983. Al finalizar el gobierno militar. Por declaración judicial de los gerentes del Banco Central quedó establecido que en el Banco Central actuaba un ejecutivo del Fondo Monetario encargado de monitorear hasta qué punto podía aguantar la Argentina este forzado endeudamiento. Un ejecutivo "licenciado" por el Fondo y contratado por el Banco Central de la Argentina. Pero que trabajaba para el Fondo. Pues bien, esa deuda original de 8.000 millones que había alcanzado los 43.500 millones al terminar el gobierno militar reemplazado por el presidente constitucional Alfonsín, llegó al nivel de los 65.000 millones al asumir el actual Presidente Menem.

Hoy el actual gobierno alude a un nivel de 115.000 millones de dólares, mientras el Banco Mundial señala, como deuda externa argentina, cifras que superan los 130.000 millones. Otros economistas de mi país sostienen que tal deuda se hallaría próxima a los 200.000 millones. Nos encontramos, pues, ante una situación en la cual las cifras de endeudamiento carecen de validez demostrable. Y esto es así porque no existen registros contables de la deuda externa. Esta afirmación puede sorprender, pero su fundamento reside en la información oficial del Ministerio de Economía al Tribunal Federal que tiene a su cargo la investigación de la deuda. Información que incluye, también, el reconocimiento de que se ignora los avales concedidos por el Estado. Este cuadro, de tremenda gravedad, es reiteración de una situación anterior, cuando yo promoviera la investigación de los ilícitos del gobierno militar y, en especial de la deuda externa.

En aquella oportunidad el juez interviniente reclamó al Banco Central un informe completo de la deuda incluyendo perfil de vencimientos y listado de acreedores y deudores. La respuesta fue insólita. El Banco Central no tenía registrada la deuda externa. Y sólo disponía de datos estadísticos sin validez contable. No quiero abundar en detalles, hechos y circunstancias que marcan a fuego el crimen de la deuda externa argentina. La exposición del cuadro completo de los procedimientos y efectos devastadores del endeudamiento externo insumiría un tiempo de atención de los señores jueces de este Tribunal que yo no puedo permitirme.

Basta con señalar –como explicación de esta síntesis- que la investigación de la deuda argentina ha acumulado más de 30 cuerpos principales de expediente y más de 500 anexos. Estos últimos se guardan, por razones de seguridad, en el Gran Tesoro del Banco Central. En esta investigación debieron comparecer, a prestar declaración, todos los que integraron la conducción económica de mi país, desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976 hasta hoy. Lo hicieron, también, los directores del Banco Central y de las empresas públicas. Y a esas pruebas testimoniales se suman las documentales. Todo lo cual permite sostener la afirmación del gigantesco fraude al que me refería en los inicios de esta exposición. Fraude cuyo proceso de ejecución continúa. Como también continúa la investigación judicial sobre ese fraude. Yo le atribuyo a la investigación que vengo impulsando en mi país el valor de una contribución a la lucha continental contra la deuda. El "caso argentino" debe servir a los pueblos hermanos de América Latina para mostrar, en toda su crudeza, la aplicación de un método de dominación que ha consagrado una nueva forma de esclavitud del hombre y de los pueblos. La esclavitud al poder financiero de la usura y de la globalización como arma para impedir las reacciones nacionales de nuestros países. En cada acuerdo de endeudamiento externo de la Argentina se pactó, siempre, el sometimiento a la jurisdicción de tribunales extranjeros. Fundamentalmente de Londres y Nueva York.

Y para que esto fuera posible se llegó al extremo de modificar las leyes argentinas de procedimiento, en los días siguientes a la instauración de la dictadura. Sometimiento convalidado por los gobiernos constitucionales de Alfonsín y de Menem. Lo que demuestra, palmariamente, cual es el centro del poder en mi país. Y creo, con perdón de los hermanos brasileños y de todos los compatriotas de la Patria Grande de nuestra América, que todos nuestros pueblos han sido objeto del mismo sistema de dominación por vía de la deuda externa…

…No son nuestros pueblos los que deben rendir cuentas de una deuda impuesta por las transnacionales del nuevo imperialismo. Son los supuestos acreedores los que deben rendir cuenta a nuestros pueblos por los intereses cobrados con el hambre, la sangre y la vida de quienes nada debían, pero que, sin embargo, pagaban.

Señores Jueces: Es éste un Tribunal que registrará la voluntad de justicia de los hermanos brasileños… Yo no vengo a alentar rebeliones populares, pero sí a sostener la necesidad de la unidad de nuestros pueblos para resistir al despojo que nos imponen intereses sin patria y sin moral. En mi país estamos convocando a no pagar lo que no debemos y a señalar a quienes cargaron, sobre nuestras espaldas, el peso de una deuda fraudulenta. Yo, señores jueces, no soy un jurista. Y más que militante del derecho soy un militante de la justicia. Sobre el derecho pesan los intereses y la fuerza. La Justicia es un mandato de Dios y una virtud de la conciencia.

Esa es nuestra fuerza frente a quienes, como en el drama de Shakespeare, se cobran en libras de carne los intereses de una deuda forzosa. Dejo expuesto, ante este Tribunal el caso argentino, que ofrezco como testimonio de una lucha por la liberación y la justicia. Si ello sirve a los hermanos pueblos de Latinoamérica para impugnar una deuda ilegítima como la argentina, la lucha llevada en nuestro país no habrá sido estéril. Cuando el Presidente Sarney se dirigía a la Nación anunciando la suspensión del pago de los intereses de la deuda, afirmaba que "la deuda que se cancela con la miseria, se paga con la democracia".

 Es ésta una advertencia que no podemos desoír quienes hemos vivido la tiranía de los usurpadores. La esperanza de una vida más digna y de la vigencia de una verdadera justicia descansa en la voluntad del pueblo resistiendo a la violencia de la injusticia. Frente al hambre, a la desocupación y al saqueo levantamos una consigna: O se está al servicio del pueblo contra la deuda, o se está contra el pueblo al servicio de la deuda.”


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