¿La credibilidad de nuestro dirigentes!
Con el respeto que me merecen dos personas mayores que han dedicado partes importantes de su trayectoria a la vida pública, me gustaría hacer una serie de reflexiones acerca del artículo de opinión publicado por el Diario Clarín en su página 23, del 23 de febrero de 2010 de autoría conjunta entre el ex presidente de la República durante el período 2002 y parte de 2003 y el ex ministro de Alfonsín y ex jefe de Gabinete de Fernando de la Rúa.
Dicha columna hace referencia a una “Propuesta patriótica de unidad” donde sus destacados autores luego de realizar un cuadro de situación por la que atraviesa nuestro país, con una visión de actualidad pesimista y frustrante, proponen una serie iniciativas orientadas al futuro y al “definitivo desarrollo económico y social”.
Esgrimen una idea acerca de la necesidad de contar con un “Gobierno patriótico de Unidad Nacional” basado en un acuerdo similar a los célebres “Pactos de la Moncloa” que sirvieron a la transición española post-franquismo y a la integración de los ibéricos a la Unión Europea.
Finaliza el escrito con una con una fervorosa exhortación a aprovechar la oportunidad histórica de los bicentenarios y mirar de esta manera con “ilusiones y esperanzas”.
Mis reflexiones comienzan diciendo que soy un hijo de la democracia, pese a nacer en los setenta, mi etapa de formación transcurrió bajo la forma de gobierno que afortunadamente, -en realidad gracias a la vida y al sacrificio de muchos- nos rige hace más de veintiséis años.
Como parte de una nueva generación de dirigentes de nuestro país aspiro a que definitivamente Argentina deje atrás el camino de las frustraciones y seamos el país del desarrollo y la igualdad de oportunidades. Para ello debe aprender de los aciertos y de los errores del pasado.
Una generación de dirigentes condujo los destinos de Argentina desde 1983 a la fecha y para quienes vivimos preparándonos, educándonos, aprendiendo esos años, resultó muy claro el cambio que se produjo a partir de 2003.
Quienes quieren proponerse como adalides de la nueva Argentina se presentan en estas notas como “ex” (habría que preguntarle a un psicólogo que haga una interpretación de eso) y haciendo una burda comparación de nuestra realidad con un equipo de fútbol, critican su rendimiento y resultados proponiéndose ellos como DT o nueve de área .
En cualquier actividad que conlleva un destino colectivo, quien aspira a conducir tiene que tener un valor esencial que es la credibilidad, sobre ella se asienta la confianza y ello sostiene el vínculo entre el líder y quienes lo acompañan o sus seguidores. Por eso, no es tan importante a veces el contenido de lo que se dice, sino cómo se dice y quien lo dice. De manera que muchos podrán gastar ríos de tinta en proyectos, libros, artículos periodísticos o recorrerán canales de televisión exponiendo las ideas mas lindas pero si no son creíbles…confiables….
También el odio y la frustración que muchas veces se ven entre líneas, y no tanto, además de ser malos consejeros porque nublan la razón, resultan estériles como punto de partida para el cambio, ya decía Jauretche “nos quieren ver tristes, porque los pueblos tristes no vencen, nada grande se puede hacer desde la tristeza, por eso venimos a combatir alegremente”.
En fin, Wilfredo Pareto, en su Tratado de Sociología general de principios del siglo XX acuñó la célebre frase “la historia es un cementerio de aristocracias” para explicar la llegada, el apogeo y la declinación de las generaciones de dirigentes en el poder; y como, voluntariamente o no, el paso del tiempo sumado a las acciones de los hombres promueven los cambios en las dirigencias.
Quienes formamos parte de la “generación del bicentenario” hemos aprendido de las experiencias pasadas y de sus actores, estamos trabajando fuertemente para reencontrar la política con la gente, dándole respuestas a sus demandas, tenemos un perfil de dirigente político que a través del liderazgo ético, es decir, de su conducta y ejemplo además de su capacidad técnica, puede recuperar la confianza colectiva, mientras tanto sabemos que las puertas al futuro están abiertas.
Volviendo a la nota motivo de estas reflexiones me viene a la memoria un pasaje bíblico en el cual Jesucristo frente a los fariseos que pontificaban acerca de la vida de sus semejantes afirmó “Haced lo que ellos dicen pero no lo que ellos hacen”, para este caso sería “lo que hicieron” o “lo que no hicieron” cuando tuvieron su oportunidad.
Guillermo Justo Chaves: Director del Instituto Nacional de Capacitación Política
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