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Rodolfo Mollo, el músico de Nogoyá

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Escrito por Nogoya 451º Martes, 10 de Agosto de 2010 16:45


Este 11 de agosto se cumple el primer aniversario de la desaparición en vida de Rodolfo Mollo. Nombrarlo es nombrar a la música en su más alta jerarquía puesto que su existencia transcurrió respirando melodías.

Considero que ya muy pocos en Nogoyá recordarán a esta auténtica figura que desde pequeño y luego en plena juventud descolló por su estudio, técnica y gusto musical.

Desde muy chico comenzó sus estudios de piano y también acordeón el eximio maestro Fernández, figura lamentablemente olvidada.
Luego, con la intención de continuar sus estudios de técnico electricista, se trasladó a Rosario. A la par, se perfeccionó logrando su diploma de maestro de música, con excelentes calificaciones. Es en esa ciudad donde comienza a intervenir en distintas orquestas, principalmente de jazz. Una vez logrados ambos objetivos retornó a nuestro pueblo.

 Era a principios de los años 50 y su regreso coincidió con la ida definitiva a Gualeguay del pianista Luis Ernesto Cortez, quien durante muchos años se destacó en nuestra sociedad animando los bailes y tertulias de aquel tiempo al frente de su conjunto rítmico.

Rodolfo irrumpió con toda la frescura de su juventud y su inigualable gusto musical. Algún nogoyaense memorioso lo tendrá presente como pianista de la numerosa orquesta “Estrellita” formada por músicos de la Banda Musical de aquel entonces, más la intervención de Juancito García en contrabajo y Chachito Velásquez en batería animando los famosos bailes de carnaval de la Sociedad Italiana; o colaborando con la Orquesta Típica “Los Entrerrianos”.

Ya se perfilaba como un gran músico, por lo que fue solicitado para distintas actividades musicales, entre ellas, dirigir alguna que otra comedia musical.
Pero su plenitud la alcanzó, sin dudas, cuando junto a Bocha Garagarza y Goyito Iribarren, sus viejos amigos, decidieron en 1957 formar la Jazz “Tempo”. Ahí yo, con mis escasos 13 años, aportaba ritmo de batería.

Fueron años de mucho estudio orquestal, aplicado al conjunto y del cual aprendimos mucho a su lado; máxime teniendo en cuenta que Rodolfo poseía el “oído absoluto”, atributo natural y exclusivo de unos pocos.

Los que estuvimos cerca suyo y deleitamos con su música y bonhomía no podemos olvidar las largas noches escuchándolo interpretar temas románticos, de jazz, música clásica y a la vez sus comentarios sobre cada uno de ellos, dando sin pensarlo cátedra de música.

En el ámbito laboral, a la vez de ejercer su profesión de técnico, abrió y mantuvo por muchos años la primera casa exclusiva de ventas de discos. ¡Qué privilegio era llegarse hasta ella y saber que se compraría algún disco con el agregado de la asesoría profesional del dueño!

También, por sus virtudes pedagógicas, una vez que dejó su actividad comercial, fue nombrado profesor de música en la Escuela Normal. Como sucedía con todo lo que hacía, a ese nuevo rol le puso toda su pasión y energía. En muchos encuentros me comentaba sus anhelos de interiorizar a los alumnos sobre distintas facetas de la música y la indiferencia con que chocaba por parte de los directivos como educandos. Tengo la impresión de que no pudo cumplir íntegramente sus deseos y pidió su jubilación.

Retirado de toda actividad profesional, se refugió en la lectura y la música que tanto amaba. Fue así que, ante un gesto destacado de las autoridades de la Biblioteca Popular, dispuso del piano que esa institución posee cuantas veces lo deseara. Entonces Rodolfo se hizo una rutina de sentarse al frente de ese piano todas las tardes de sábados y las mañanas de domingos.

Los amigos y colegas que tuvimos la dicha de concurrir allí, por su invitación, nos deleitábamos escuchando sus interpretaciones, ejecutadas con la maestría y sentimiento con que sólo él podía hacerlo. Estas hermosas tertulias se prolongaron durante un cierto tiempo hasta que su penosa enfermedad, a la que supo sobrellevar con envidiable entereza, le impidió concurrir sus fines de semanas al encuentro con su amado instrumento.

Ese martes de agosto de 2009 apenas comenzada la siesta, recién cumplidos sus 75 años, Rodolfo Mollo dejó este mundo. Junto a él se fueron las melodías de Cole Porter, George Gerswhin; la música de Louis Armstrong, Glen Millar, Benny Goodman; las voces de Bing Crosby y Frank Sinatra. Y principalmente todos esos temas que en la época de los “50” escuchó y bailó la sociedad de Nogoyá.

Luis Horacio Valente

| paralelo 32 /


Comentarios
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zuni  - comentarios   |2010-08-11 19:43:31
yo tube la suerte de conocer a ese profesor era de esas personas qe dejan
grandes enceñanzas yde la cual se aprenden muchas cosas.
RUBEN SALCEDO  - GRACAS MAESTRO   |2010-08-28 16:04:13
que lindos recuerdo me trae esa nota en esos años el Nogoya que yo vivi seria
cinco veces mas chico que el actual recuerdo por esos años los grupos musicales
delos que en algunos tube participacion los entrerrianos carlos albarenque
REMACIMEIENTO EL ZOORRO A VEGARA LOS etudiantes d Grandos AMERICA omar cappa
donisi y su ritmo y tantos otros tengo 70 años y estoy dedicado al bandoneon
por la zona sur del gran buenos aires donde me divierto un poco saludos
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