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El adiós a un filantrópico médico

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Escrito por Nogoya 451º Martes, 15 de Junio de 2010 17:47



“A la pericia de su ciencia, prefiero la grandeza de su alma”, esta expresión fue dicha en ocasión de despedir los restos del ilustre médico Dr. Pedro Camet, año 1948, por Pablo Oscar Mundani en representación del Centro Comercial Nogoyá.


A sesenta y dos años de aquel acontecimiento, la frase cobra rigurosa actualidad evocando la personalidad del Dr. Julio Antonio Facello ante su deceso ocurrido el pasado domingo 6 de junio, a las 14 horas, en su domicilio, después de una larga dolencia que silenció su existencia y la transcurrió recluido en su hogar.
Realmente la grandeza de su alma, como reza en el párrafo inicial, es la que tuvo por sobre todas sus cualidades de excelente profesional de la medicina.

El cumplimiento a rajatablas del juramento hipocrático, fue la brújula que le indicó el norte de su profesión, y desde 1953 cuando llegó a su ciudad natal con su flamante diploma, obtenido en la Facultad de Medicina dependiente de la Universidad Nacional de Córdoba, comenzó el trabajo en la disciplina del arte de curar al que a poco de andar lo convirtió en un verdadero apostolado reconocido en los distintos sectores de nuestra sociedad.

No es de abundar en detalles, por otra parte ampliamente conocido, sobre el honroso cometido que le cupo al “Dr. Julio”, o al “Dr. Yuyo”, como era el tratamiento que le daban sus pacientes, sin distinción de clases sociales, a quienes siempre atendió en cualquier horario y en lugares inhóspitos, sin preguntar si tenían dinero u órdenes de mutuales, más bien a aquellos de condición menesterosa los ayudó adquiriéndoles los medicamentos con sus propios recursos.

Hombre de familia, veló junto a su recordada esposa Inés Nelly Spalla, por la formación de sus tres hijos: Julio Aníbal (médico como él), Juan Pedro, quien falleció trágicamente hace unos años atrás, y María Imelda la menor de la familia.

Fue su esposa Inés Nelly, una colaboradora sin descanso en el noble quehacer de su cónyuge en la profesión de médico. Lo acompañaba en largas jornadas como la secretaria ideal, que con paciencia infinita atendía las preocupaciones de los pacientes, ya sea en el trato personal como en el telefónico. Una mujer dulce que hay que recordarla, (falleció hace dos años) de innata formación religiosa la que le permitía transmitir esperanza y consuelo cuando la enfermedad resultaba irreversible, configurando su accionar un cuadro virtuoso que toma identidad con aquella sentencia de: “tras un gran hombre, hay una gran mujer”.

El Dr. Julio A. Facello fue una figura que tuvo preponderancia en el Sanatorio Urquiza; más allá de su importante aporte profesional, en distintos períodos ejerció la dirección del mismo. Junto a los doctores Carlos Alberto Navarro y Emilio González desempeñó un rol de trascendente protagonismo en el traslado del domicilio del sanatorio desde la ubicación en calle 25 de Mayo hasta el actual emplazamiento en la Avenida España, primeros años de la década de 1970, con importantes avances en aquel tiempo en lo que hace a la parte edilicia como de equipamiento.

Su paso por el Hospital San Blas dejó una importante impronta ocupando el cargo de jefe de cirugía, y pocos años atrás en una ceremonia en la que estuvo presente, todavía sin mayor deterioro por la enfermedad, le fue impuesto su nombre al sector de cirugía.

Llegó a la jubilación como médico de policía, función a la que accedió allá en la segunda mitad de los años 1950. Era interesante escuchar su relato sobre cuáles eran los escenarios en aquellos tiempos para cumplir con esta tarea. “Una noche de fin de semana me llamaron más de diez veces para atender casos de distintas trifulcas”, comentaba sonriendo.

Asimismo se mostraba muy satisfecho cuando se creó el Centro de Emergencias Municipal. “Antes –dijo- no teníamos ese valioso servicio. Trabajábamos con medios precarios, trasladando muchas veces a pie la camilla con el paciente, y recuerdo al entonces Intendente Municipal Arnoldo Quinodoz ayudando en muchas madrugadas en el traslado de los enfermos”.

“Yuyo”, era un hombre pausado en hablar y en sus gestos. Siempre con un chiste a flor de labios para bajar tensiones. La práctica que le dio su profesión de médico, una actividad en la que se convive obviamente con el dolor humano, le permitió capitalizar experiencia. Y tanto familiares como amigos recurrían a él en busca del consejo necesario.

Amaba a su familia de donde provenía, intensamente. La vida también le fue esquiva en este aspecto, pues se fueron de esta tierra a edades tempranas sus padres Juan José Facello y Serafina Ghirardi: sus hermanos Armando, Miguel (Miguez), Lydia Esther (Ñata), Juan Ramón (Moncho), y Faustino “Ticho”. “Quedé sólo”, comentaba con pena y con un dejo de impotencia, determinada al no poder protegerlos como médico frente a enfermedades irreversibles. Verdaderamente esta realidad fue una espina lacerante que se clavó en su alma.

Sus restos fueron inhumados en la necrópolis local en el Panteón familiar (Facello-Spalla), el día lunes 7 de junio en horas de la mañana previo responso rezado en la Basílica Nuestra Sra. del Carmen.

En el cementerio le dieron el último adiós Diego González por el Sanatorio Urquiza, Toribio Hipólito Chaparro en nombre del Círculo Médico y Abdohamed Sosa por sus amigos.

Descansa en paz.
Pedro Cosme Humaran

Comentarios
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laura  - al maestro   |2010-06-15 17:48:31
Fue el mejor medico de la ciudad... no importaba si tenias o no dinero, el te
atendia.
Felicitaciones Cosme por el articulo
juan manuel  - señor   |2010-06-15 17:49:23
que el señor te de el lugar que te mereces, fuiste una muy buena persona y
mejor profesional..
María Alejandra  - El mejor doctor y vecino   |2010-06-15 19:36:58
Conoci al doctor Yuyo, desde que nací pues yo vivo frente de su portón de
salida. Toda mi infancia lo vi salir al Dr. Yuyo en su auto a cualquier hora del
día para ir a atender a un paciente, y simpre lo hizo sin importarle la
condición social ni económica del mismo.
Personalmente recuerdo que como
vecina que era de el cada vez que me atacaba de bronquitis o algo parecido iba a
su consulturio y más de una vez mi madre me llevaba sin un peso en el bolsillo
y Yuyo siempre me atendía, pero la enfermedad se curaba cuando Yuyo nos daba
sus clásicos caramelos.
Por ahí cuando lo encontrabas en la calle o a la
salida de su casa siempre saludaba con un chiste o frase graciosa como por
ejemplo siempre decía "acá andamos perdido como turco entre la
niebla", y así hay tantas cosas para recordar de este insuperable
profesional y aun más como persona.
Tuve el privilegio de ser una de sus
pacientes aun cuando era una niña y el no siendo doctor de niños, pero como se
puede evidenciar a el no le importaba ni la plata, ni la condición social ni la
edad, para el todos eran iguales y eso es lo que se debe rescatar como ejemplo.
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